Skip to main content

Es Hora de Hacer Frente a la Inminente Crisis de la Deuda Pandémica

Un vendedor de frutas de pie junto a bolsas de fruta en rodajas
Un vendedor usa una mascarilla protectora en un puesto de frutas en Tegucigalpa, Honduras, el 24 de marzo de 2020. © Orlando Sierra/AFP/Getty

Con muchos países luchando por pagar sus deudas internacionales por el impacto de la pandemia, Open Society Foundations ha lanzado una campaña para el alivio de la deuda y la financiación de una recuperación económica para los países de ingresos bajos y mediano. Vanessa Jiménez de Open Society habló con Patricia Miranda, Directora de Impacto Global de la Red Latinoamericana de Justicia Social y Económica, sobre la crisis.

¿Cuánto impacto ha tenido COVID-19 en la capacidad de los países latinoamericanos para brindar los servicios necesarios a su gente?

Los países de América Latina ya tenían un déficit fiscal antes de la pandemia. La paralización de prácticamente todos los sectores de la economía generó una caída de la recaudación tributaria de entre 22% y 30% en promedio para el primer semestre del 2020, lo que agravó estas brechas fiscales, con un espacio fiscal limitado para atender la crisis sanitaria, climático, y aspectos importantes como la protección social, más aún para proteger a las personas que perdieron sus ingresos ante el incremento del desempleo y el confinamiento. A este contexto se suma el incremento de la deuda, externa e interna, como única opción para combatir a la pandemia. Ahora, hay países en América Latina con deudas no sostenibles.

¿Cómo le gustaría que respondiera la comunidad financiera global?

Las medidas planteadas por la comunidad financiera global, el G20 (y sus Estados Miembros) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), no están a la altura de lo que la mayor crisis en más de 100 años exige. La Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda (DSSI) cubre poco más del 5% del servicio de la deuda de los países en desarrollo y solo difiere el pago de la deuda cargando ese peso en los siguientes años, y el Marco Común que promueve la reestructuración de la deuda con la participación de todos los acreedores, tiene en su lista a 73 países elegibles; quedando en ambos casos fuera la mayoría de los países de América Latina, clasificados como países de ingreso medio en base a un indicador PIB/per cápita que esconde una serie de vulnerabilidades económicas, sociales y climáticas. Por este motivo, es importante que estas iniciativas vayan más allá de mirar solo la capacidad de pago de la deuda, sino también el costo que implica para nuestros países priorizar ese pago de deuda en un contexto de crisis.  Además, es importante que las voces de América Latina estén incorporadas en el desarrollo de las soluciones a esta crisis.

Nuestros países necesitan reducir la carga de la deuda con una anulación del servicio mientras se encara un proceso de reestructuración de deuda, y al mismo tiempo necesitan un financiamiento concesional. Asimismo, se debe permitir a los países que estén en condiciones, el usar parte de sus reservas internacionales (Derechos Especiales de Giro (DEG)) para hacer frente a la crisis social y económica. 


¿Qué podrían hacer los países latinoamericanos si se les concedieran DEG adicionales?

La asignación de DEG es un apoyo importante, sobre todo para los países de ingreso medio, que no tienen acceso a fondos concesionales. Recibir DEG puede fortalecer la posición externa con activos de reserva, pero con el enfoque de que -en un contexto de crisis- idealmente no se queden en bancos extranjeros, sino también puedan viabilizar, por ejemplo, la importación de vacunas o definir un apoyo fiscal para que se incluyan en los presupuestos nacionales para atender situaciones sociales, sanitarias, y económicas y climáticos urgentes, según las características, situación macroeconómica/fiscal y normativas internas de cada país.

Sería la única fuente de liquidez sin deuda y sin condicionalidades de austeridad a la que los países de ingreso medio podrán tener acceso en esta crisis. Sin embargo, es un monto insuficiente para las necesidades urgentes de los países en desarrollo, por lo que organizaciones de sociedad civil del mundo han planteado una asignación de DEG equivalente a USD 3 billones, mucho menos de la mitad de los paquetes de estímulo de los países desarrollados. Esto puede abordarse a través de una reasignación de los DEG emitidos de los países de ingreso alto a los países de ingreso medio y bajo, ya que dos tercios de la emisión se quedan en los países desarrollados, con una alta probabilidad de que no serán utilizados, y más bien puedan ser cedidos a los países que lo necesiten, a través de mecanismos de acceso a financiamiento concesional.


Tu organización acaba de producir documentos informativos de antecedentes sobre la emisión de DEG (con video debajo) y sobre la situación de la deuda en América Latina. ¿Quién es su audiencia focalizada para estos y por qué?

La deuda ha tenido históricamente un impacto desde distintos ángulos en la población, y es importante conocer su magnitud, el peso que significará para las siguientes generaciones, sus impactos (incluso a poblaciones vulnerables), pero también las alternativas fiscales y monetarias que existen para afrontar la crisis en el corto, mediano y largo plazo (la crisis de la deuda, de la pandemia, de nuestros servicios públicos, y nuestro medio ambiente). Los documentos tienen el fin de empoderar nuestra ciudadanía, promover dialogo con los gobiernos del hemisferio, y buscar soluciones para evitar la repetición de la crisis en el futuro.

LATINDADD es una organización beneficiaria de Open Society Foundations

Read more

Subscribe to updates about Open Society’s work around the world