La lucha contra la corrupción congrega a guatemaltecos de sectores rurales y urbanos

El año pasado, cuando durante más de veinte sábados los guatemaltecos se manifestaron para exigir la renuncia del presidente Otto Pérez Molina y la vicepresidenta Roxana Baldetti, pudimos dejar atrás una suerte de parálisis que, por varias décadas, permitió que la dirigencia económica y política embolsara beneficios obscenos dilapidando las arcas públicas.

Según se señala en denuncias planteadas por el Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), mientras los guatemaltecos vivían en una situación de precariedad permanente—por ejemplo, sin escritorios en nuestras escuelas ni medicamentos en hospitales—los funcionarios gubernamentales trabajaban en estrecha colaboración con algunos miembros del sector empresarial, incluidos bancos y contratistas del Estado, para apropiarse de millones de dólares.

Cuando salieron a la luz los escándalos de corrupción en abril de 2015, algunos de nosotros, a pesar de que prácticamente no nos conocíamos, iniciamos el hashtag #RenunciaYa. Luego, varios participantes de ese grupo formamos #JusticiaYa (@justiciayagt en Twitter) para inspirar a otros a investigar e informar sobre lo que estaba sucediendo en nuestro país.

A medida que convocamos a marchas, fuimos conociendo a muchas otras personas de zonas rurales y urbanas que estaban expresando los mismos reclamos: que renunciara el presidente; que se reformara la ley electoral para, entre otras cuestiones, democratizar las normas aplicables a los partidos políticos, asegurar una mayor inclusión de minorías en las elecciones y regular el tiempo en televisión asignado a los candidatos de modo que fuera igual para todos; y que se facilitara el avance de los procesos judiciales contra Pérez, Baldetti y más de doscientos funcionarios, operadores políticos y empresarios capturados.

Y tuvimos éxito. Pero aunque ahora tenemos un nuevo Presidente, Jimmy Morales, nuestra labor no está terminada. Debemos asegurarnos de que la corrupción no continúe. Por ese motivo, hemos aunado esfuerzos con otras organizaciones—muchas de ellas estudiantiles y que surgieron en las movilizaciones—para crear asambleas ciudadanas, y fijar objetivos comunes. En primer lugar, tuvimos que conocernos entre nosotros y entablar lazos de confianza, o lo que nosotros llamamos “tejer redes.” Por ejemplo, una idea es conectar el malestar reciente en los centros urbanos con la resistencia ancestral de las comunidades indígenas que ha existido en Guatemala durante mucho tiempo. 

Estamos trabajando en una iniciativa denominada “Diálogos Ciudadanos,” en la cual, a lo largo de varios días, distintas organizaciones rurales y urbanas ponen en común sus experiencias y se realizan mesas de trabajo para identificar nuevas propuestas. La idea es fortalecer nuestra capacidad de empatía y acción, un tema que cobró especial relevancia durante las protestas.

Nosotros percibimos las manifestaciones masivas del año pasado como una especie de erupción volcánica. Antes de que la lava empiece a enfriarse y se endurezca, debemos moldearla para transformarla en algo que nos permita cambiar la dinámica de poder que sigue concentrada en círculos corruptos. Para construir una nueva sociedad, debemos adoptar nuevos valores. Hoy podemos decir que se ha trastocado un paradigma: las personas ya no seguirán tolerando el enriquecimiento ilícito, y lo rechazan enérgicamente. A partir de ese acto de valentía, deseamos construir, en el imaginario colectivo, un país donde todos los niños puedan asistir a la escuela, y donde nadie muera a causa de enfermedades que pueden ser tratadas. Un país que sea un lugar con esperanza.

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hola, ¿cómo estará en estos momento -después de lo del volcán, un País pobre como Guatemala? Por lo pronto esperan consuelo y alivio para sus cuerpos. Y la justicia para lo que ya paso y nadie puede cambiar, les ha de importar muy poquito. En realidad para las personas simples el hecho de que se castigue algo o alguien es menos importante, que el tener o contar con algún bienestar. En estos días importa mucho más hacer lo bueno, que castigar lo malo, que sobre todo los niños estén bien de sus pies, que tengan con que caminar. Es un crimen de toda la humanidad en la cual por supuesto que yo me incluyo el permitir que los niños no caminen arriba de sus zapatos. A estas alturas la humanidad desde cualquier ángulo no debería permitir pies desnudos. Cómo ha de estar el suelo de caliente. Tampoco estómagos vacíos. El 50% quieren ponerse una dieta para delgazar, mientras el otro 50% se mueren de hambre, el de los primeros es un crimen. Con los pies en zapatos y el estómago lleno. Ya mejoramos la situación muchísimo más que con llevar a más a la cárcel, tal vez ellos tampoco tuvieron ni el más mínimo bienestar. Yo pienso que no le podemos poner a lo malo un punto final, sino que hay que darle luz verde a todo lo que es bueno, porque lo bueno es bueno lo haga quien lo haga y da bueno. Si un criminal da a un niño o a alguien, se va a componer más que refundido en la cárcel. Y TODOS necesitamos componernos, aprender a ser lo bello.Por favor Soros que donde abundó la miseria, sobreabunde la misericordia. Hay que cambiar la táctica, por buena que sea -como la comida- con un poquito de sal. sabe mejor. Y nosotros TODOS somos esos granitos de sal. Soros una amiga que sabe, me dice que es con otros dueño de México. Si algo hay de cierto en eso. Por favor, con cariño es como entendemos. Lo justo no nos importa porque mucha justicia sin bienestar también es injusticia. No nos importa que se castigue a nadie. Sino que no haya nadie por quien llorar. No queremos conseguir justicia con muertes.Bien sencillo que es de entender, si un reciente esta lleno de algo, pues ya no hay lugar en el mismo para otra cosa. Si llenamos a México de bueno, no va a caber lo malo. Le mando un abrazo lleno de cariño.

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